jueves, 22 de marzo de 2012

Deep hole.

Ella cada día creía estar mejor, pero en realidad sucedía lo contrario. Creyendo mejorar, lo que hacía era acumular todo lo que tenía, por el simple hecho de querer estar bien, quería apartar, dejar atrás (no precisamente con el olvido), a un lado, las cosas que le pasaban. Pues en ese recorrido, lo que realmente hacía era acumular en un lugar en el que llegaba un momento que no cabían más. 


Se despertó un buen día (bueno para los demás, y bueno porque el sol brillaba), y lo notó todo al revés. Ella sentía un sentimiento extraño, pero lo más raro todavía era esa sensación que tenía en su cabeza, esa sensación que hacía que le pesara la cabeza, ese sentimiento tan extraño. No se encontraba en condiciones para soportar el día, pero debía de hacerlo.


Físicamente se mostraba indiferente, fuerte, valiente... pero en ese punto, llegó un momento en el que la gente de su alrededor lo notaba, notaban que estaba así, no sonreía, tenía una mirada perdida, no estaba bien. Ella sabía que no estaba bien, y no sabía qué le pasaba, simplemente que la cabeza no le funcionaba como debía hacerlo.


Tarde o temprano, esa gente que la quería y se encuentra a su alrededor, acabaría por dejarla, por dejarla en ese mundo perdido que estaba ella inmersa, pues se cansarían. Ella tenía ese miedo, y eso no le ayudaba, es más, la atormentaba todavía más y le hacía estar más perdida y confusa.


No se encontraba dispuesta a responder si alguien le preguntaba por su estado, pues no sabría qué responderles, lo único que les podría contestar sería un ''bueno...'' , ''más o menos'', ''mal'', ''ni lo sé...'', y cosas por el estilo, es decir, que ni ella misma sabía decir cómo estaba. ¡Qué pregunta tan complicada se había vuelto esa simple formulación de esa cuestión tan típica!


Se había vuelto ciega (ella ya podría considerársele ''algo ciega'' de vista), pero ciega de corazón, pues solo era capaz de ver soledad y perdición, ciega de mente y de cabeza. Estaba ciega y confusa.


Y llegó a un momento en que no le salían las lágrimas, pues llorando se limpia el alma. Pero esta vez había llorado demasiado, y ya parecía no salirle las lágrimas, a pesar de necesitar echarlas. Cuando a una persona no le salen las lágrimas, tiene un problema, pues ya se le ha metido todo dentro. A ella le pasaba eso, no le salían ya las lágrimas, y se estaba convirtiendo en una enferma, una persona que no estaba muy bien de la mente, que no tenía bien la cabeza... 


Y si algún día lograba salir de ese pozo negro, estaba segura o casi segura de que no habría nadie esperándola allá arriba, pues como decía anteriormente, se habrán cansado de ella, la abandonarán, y entonces estará sola, sola. Sí, habrá llegado algún día puede que dentro de mucho pero mucho tiempo, pero estará sola, aunque ella nunca olvidará ni dejará de estar a disposición de esos quienes la dejaron... 


Lo más propio que se veía en ella en ese momento, era esa fija mirada perdida, esa sonrisa amarga cuando se le obligaba en cada situación, esas manos y cuerpo inquieto, esa boca medio abierta... esa confusión y perdición... Ese mal estado en el que estaba inmersa.

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