
Cuando somos niños, todo nos parece bonito, no nos preocupamos de tantas cosas, nuestra única preocupación era cómo ocupar el tiempo, a qué jugar en cada momento, qué aventura emprender, con quién emprender esa aventura en cada momento!
La cuestión es que vivíamos de la ilusión, todas las cosas eran una ilusión, era nuestra ilusión. Pero es que, cuando crecemos y nos hacemos mayores, maduramos, nos enseñamos muchas cosas de la vida, aprendemos muchos de los secretos ocultos de esta, nos damos cuenta de que muchas cosas que de pequeños creíamos, no son realmente así, descubrimos la verdadera cara de las cosas.
Y por todo esto, ya no somos felices de la misma forma, la ilusión ya no es la misma, no vivimos de la ilusión, porque ya hemos aprendido lo que pasa con muchas cosas, sabemos demasiadas cosas. Por esto, ¿vale la pena saber tanto? Bueno, si no supiéramos tantas cosas, no avanzaríamos, pero a la vez, saber tantas cosas, a veces nos quita la ilusión de las cosas...Un gran dilema de ilusión y avance... pero, ¿a quién no le parece mejor ser feliz y volver a la infancia, donde todo era perfecto? Una buena dosis de ilusión para ser feliz, es lo que a muchos le hace falta... hay muchas veces, que tenemos que vivir de la ilusión, al menos, para sentirnos bien y poder vivir bien y felices :)
